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La Ermita del Socorro recupera el retablo tras su restauración

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Albergaba a la Virgen durante las fiestas y fue retirado hace 20 años por su mal estado, recuperando su calidad ahora tras un laborioso trabajo de rescate


Ayer fue presentado oficialmente en Güímar el Retablo de la Virgen del Socorro, después de una labor de restauración exhaustiva que ha durado ocho meses y que ha permitido rescatar una obra histórica y artística de gran calidad del patrimonio de Tenerife.

Al acto asistieron el presidente del Cabildo, Ricardo Melchior, el alcalde de Güímar, Rafael Yánez, la familia Campos Domínguez, quienes son Mayordomos de El Socorro, y otras autoridades y representaciones.

Los trabajos de la restauración fueron financiados en un 50% por la Mayordomía de Nuestra Señora La Virgen del Socorro, un 25% por la Junta de Compensación del Polígono Industrial de Güímar y otro 25% por La Fundación Caja Siete-Pedro Modesto Campos.

El Retablo de la Virgen del Socorro, de Güímar, debe su nombre a que albergaba a La Virgen del Socorro durante las fiestas patronales de la misma, cuando la imagen visita el caserío del Socorro e incluso pasa allí una noche, ya que durante todo el año la Virgen se encuentra en la Iglesia matriz del municipio, la de San Pedro Apóstol.

Se trata de un retablo del siglo XIX, de estilo neoclásico, situado antiguamente en el altar de la nave principal de la Ermita del Socorro. Sus medidas son de 5.50 metros de altura por 4 metros de ancho, realizado es en madera de pinzapo, y policromado al óleo.

Está compuesto por un sotobanco, dos cuerpos dividido en tres calles , y el ático. En las dos calles laterales en el cuerpo superior se conservan dos lienzos que representan a dos Evangelistas. Sobre el cuerpo central esta el ático. Se trata de una talla a modo de calado, que representa con motivos vegetales el símbolo modo María, con una corona encima.

Seriamente dañado

El retablo había sufrido varias grandes intervenciones anteriormente. Primero fue su traslado desde el antiguo Santuario de Candelaria, al que pertenecía, a la Ermita del Socorro y se colocó en el altar mayor en la nave principal, ya que en el pasado no existía retablo alguno y se guardaba la imagen en una hornacina que hay en el propio muro del altar principal.

En el momento del traslado del retablo de Candelaria al Socorro fue modificada su estructura . Era entonces mas alto, dado que se eliminaron varios elementos y es posible que se variara la altura en algo mas de un metro.

Tampoco actualmente están los dos cuadros que existían cuando el retablo se encontraba en Candelaria. Estaban dedicados a Santa Ana y San Joaquín y situados en las dos calles laterales y cuerpo inferior. Así como el frontal de la mesa del altar. En sustitución de estos cuadros se colocaron unos altos relieves policromados.

El pedestal antiguo de la Virgen de Candelaria cuando llego al Socorro se utilizó como mesa del altar del retablo.

En 1990 se realizaron obras de rehabilitación en la iglesia del Socorro, mejorando notablemente la solidez tanto de los muros como de la techumbre.

En ese momento, por indicación del Delegado Episcopal de patrimonio histórico-artístico del Obispado, se decide eliminar el retablo y volver a la antigua hornacina para la colocación de la imagen los días que pasa en el caserío.

Tanto la primera vez que se traslado el retablo de Candelaria a la Ermita del Socorro como el desmonte del mismo en 1990 y almacenamiento posterior, alteraron su estructura inicial y el estado de conservación de la obra era muy malo.

Se perdieron múltiples piezas y muchas de las existentes estaban rotas. Afortunadamente se conservaban la mayoría de los fragmentos grandes, así como los lienzos superiores y una documentación de cómo era el retablo cuando estaba montado en la Ermita del Socorro, y en el antiguo Santuario de Candelaria.

En cuanto a la capa pictórica, no existían repintes. Las dos pinturas sobre tela tampoco habían sufrido intervención alguna salvo los desmontes realizados para los traslados descritos anteriormente.

El retablo se encontraba desmontado en piezas, En la parte baja del retablo, sotabanco , faltaban muchas molduras de media caña, la tapa de la mesa del altar, el fondo de la parte baja y el zócalo a lo largo de toda la parte baja. También desaparecieron tablas enteras policromadas.

Ocurría lo mismo en el cuerpo superior del retablo. El ático había desaparecido, aunque afortunadamente había documentación suficiente para realizar una replica.

También por múltiples zonas del soporte de madera aparecían agujeros de antiguos clavos, grietas, y la mayoría de las tablas estaban sueltas.

El estado de conservación de la película pictórica era pésimo. El soporte de madera y las capas de preparación y pintura habían perdido completamente su cohesión interna y por lo tanto estaban en proceso de desprendimiento. Presentaban un aspecto pulverulento y de crestas.

A esto se sumaba que estaba completamente cubierta por una capa de tierra y bajo esta se presentaba un barniz que se había oxidado y amarilleado.

La capa pictórica también se había desprendido por muchísimas zonas dejando en la mayoría de las ocasiones la preparación y la madera a la vista.

En los cuadros, el estado de conservación era muy malo, las telas se encontraban sueltas, no tenían bastidor. La tela se hallaba completamente deformada y abombada, La capa pictórica en ambos cuadros presentaba numerosas pérdidas. Había un barniz amarillento a causa de la oxidación, dándole un aspecto mas oscuro a la pintura. Asimismo, aparecían adherencias como excrementos de insectos.

Un trabajo concienzudo

El tratamiento realizado por un equipo de restauradores dirigidos por Elisa Campos Domínguez para recuperar el retablo fue delicado y concienzudo.

Se procedió primero a eliminar con una brocha muy suave y mucho cuidado la tierra acumulada sobre la superficie, para posteriormente poder consolidar la policromía.

Una vez conseguido, se reforzaron todas las piezas y se realizaron de nuevo todas las unidades del retablo que faltaban; las molduras, las tablas y piezas como el ático y el exterior de uno de los cuadros que desapareció completamente.

También se colocaron injertos de madera en las pequeñas faltas. Se utilizo morera, por su resistencia a la humedad y a los organismos xilófagos.

En el retablo se efectuó la limpieza química y mecánica de la policromía, para suprimir toda la suciedad y aditamentos que desvirtuaban el aspecto original. Se rellenaron las grietas y huecos.

La reintegración de la capa de preparación se realizó con un estuco a base de sulfato de cal y cola de conejo. Se niveló con bisturí y se limpiaron los excesos.

La reintegración de policromía se realizo con material completamente inocuo y reversible. La técnica fue la del rallado o regatino y de esta manera se reintegró el color por medio de pequeñas rayas de colores, para unificar cromáticamente la superficie observada a cierta distancia, distinguiéndose fácilmente de cerca, la parte nueva, reintegrada.

En cuanto a los cuadros , en primer lugar se reentelaron los lienzos y se utilizo un telar manual. Posteriormente se colocaron en bastidor de madera de morera. En la limpieza química y mecánica se elimino la acumulación de polvo y tierra y los barnices oxidados que cubrían la pintura, oscureciéndola. Se aplico en las lagunas existentes una capa muy fina y ligera de estuco.

En la reintegración de lagunas de pintura se restituyó la capa pictórica perdida, que permite integrar estéticamente la obra y completar su continuidad. Se limitó exclusivamente a las lagunas existentes. Se realizo con colores en material inocuo, reversible y estable. La técnica fue la del rayado o regatino y unificó cromáticamente la superficie.

Cambio de ubicación

Una vez reforzadas las piezas existentes y realizadas de nuevo las que faltaban, se montó el retablo verticalmente en la pared del fondo de la Iglesia, en la nave de la derecha, aunque antiguamente estaba en la nave principal. La parroquia decidió cambiar su lugar para ganar espacio en el altar , así como también mayor altura, ya que la nave de la derecha no tiene el escalón del altar mayor.

Para esto fue necesario colocar cuatro vigas verticales de 5,50 m. de altura que van del suelo al techo de la iglesia; también se colocaron dos vigas horizontales de 4 metros de largo. Toda la madera nueva utilizada también fue de morera.

De esta manera, al ganar altura, se pudo colocar el pedestal, como estaba en Candelaria, como base para colocar una imagen.

Con esta restauración Güímar recupera el retablo de El Socorro, que ennoblece la ubicación de la Virgen durante su visita al caserio y enriquece la tradicional ermita.


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